John Adams
Vi la serie de John Adams (1735 - 1826), el 2° presidente de los Estados Unidos. En ella el actor Paul Giamatti abunda en furiosos y salivantes gruñidos en su interpretación que, al parecer, hace bastante justicia al personaje histórico. En una escena, Adams, acostado, sostiene un libro. Su esposa le advierte que lleva como media hora en la misma página. Entonces se lamenta: “Mis ideas son tan claras para mí. Cada una está perfectamente formada en mi cabeza. Pero cuando hablo, cuando las ofrezco a los demás, parecen no tener la más mínima definición.” Más allá del caso de amargados e incomprendidos como Adams, noto un cierto lugar común en esto de que los pensamientos parecen mejores antes de expresarlos; algo muy en la línea de aquello de que no existen palabras para describir al amor o a eso de San Agustín, de que si no le preguntaban, sabía lo que era el tiempo, pero si le pedían que lo explicara, no lo sabía. En el fondo, sospecho, se trata de que en la cabeza los pensamientos aún no están, por así decirlo, redactados. Luego, con el trabajo de redacción, se rompe su encanto inmaterial, dejándonos cierta sensación de pérdida. Por esta razón, entre varias otras, creo que no conviene encariñarse demasiado con los propios pensamientos.
Labels: John Adams, pensamiento




0 Comments:
Post a Comment
Subscribe to Post Comments [Atom]
<< Home